STREET

En las calles de Bilbao, en sus antiguas zonas industriales donde la mirada ya no se detiene, llevé a cabo una serie de acciones. Espacios de circulación olvidada, escaleras que no conducen a ningún lugar, estructuras que parecen haber perdido su función pero que aún insisten en permanecer.

Dentro de estos entornos trabajé con imágenes de víctimas de guerra. No como una referencia literal al conflicto, sino como una lectura más amplia: todo es una herida en distintos estados de exposición. La ciudad, el cuerpo, la arquitectura, la memoria. Todos comparten esta condición de haber sido marcados, de haber sido atravesados sin llegar a desaparecer.

Estas intervenciones no buscan narrar un acontecimiento, sino señalar una condición. La presencia de lo herido dentro de lo cotidiano. Aquello que ha sido dañado pero sigue ahí, funcionando, oculto a la vista o simplemente ignorado, ya integrado en la normalidad del paisaje urbano.

Porque a lo herido no se le mira. Se le evita, se le rodea, se le desplaza al fondo. Y en ese acto constante de no mirar, la herida deja de ser una excepción y se convierte en norma. No desaparece; se adapta a la indiferencia.

Las acciones existen en ese umbral exacto: entre lo visible y lo ignorado, entre lo que aún se sostiene y lo que ya debería haber caído, pero continúa en pie como una forma de persistencia silenciosa o de abandono asumido.

BILBAO

2019 - 2020